Empezar, acabar - Albarracín 2016



Hace apenas un par de días que he vuelto de Albarracín, he vuelto a asistir al Curso de Ilustración y Diseño Gráfico de la Fundación Santa María, que organizan Isidro Ferrer y Carlos Grassa Toro. Esta edición era especial, porque era la última, y vuelvo con bastante pena de que esto se acabe, pero también con mucha energía y las pilas cargadas. Lo he pasado en grande con las charlas, los talleres, y los compañeros, y he vuelto a disfrutar de un pueblo y un entorno la mar de bonito y que tiene una magia especial. Ante todo, disculpas por las fotos, son todas con el teléfono y la calidad deja bastante que desear.

Las vistas desde mi habitación.
El taller que me tocó fue con Sonia Pulido, cuando me llegó el correo confirmándome con quién me había tocado me faltó dar palmas con las orejas, es una ilustradora a la que admiro y sigo desde hace mucho. En el taller, Sonia nos puso una composición del estonio Arvo Pärt llamada Spiegel im spiegel, que escuchamos todo el grupo de espaldas a la pantalla y con los ojos cerrados. Fue bastante curioso porque a muchos nos evocaba sensaciones e imágenes parecidas, pero el resultado del trabajo del taller fue bastante heterogéneo. En mi caso, las evocaciones de agua y ciclo vital de las plantas lo acabé relacionando con los altibajos en la melodía y surgió una historia sobre el cuidado de las plantas, pero que realmente no trata de botánica, y hasta ahí puedo leer, ya que la idea y todo lo que desarrollé lo quiero seguir trabajando.



La sorpresa fue que había programados seis talleres pero finalmente fueron siete, ante tanta afluencia de gente este año decidieron ampliar el cupo y buscar a un nuevo tallerista, el japonés Sigeo Wakabi, del cual era imposible encontrar informacón en internet. Pues bien, el tal señor Wakabi no era otro que el mismísimo Isidro Ferrer, un lujazo para los que pudieron asistir y disfrutarlo.



Otro de los talleres que me llamaron la atención fue el de Brosmind, aparentemente era una gamberrada, un juego disfrazado de campamento pero en el que tenías que aportar soluciones creativas a problemas que te planteaban en muy poco tiempo, lo que te obligaba a darle al coco. Si iban superando las pruebas les daban las insignias para coserlas al chaleco, que previamente ellos mismos se habías elaborado con fieltro rojo. Se trabajaba por equipos, y tuvieron que fabricar navajas de cartón, catapultas que lanzaban hortalizas, realizar un cómic... ¡Tenía pinta de ser muy divertido!Hay fotos por Facebook de cómo quedaron con los chalecos.




Sin duda, el gran descubrimiento fue el trabajo de Benoit Bonnefrite. Poder ver en su charla la cartelería que tiene en serigrafía, con esos colores y esas composiciones, y tenerlos en las manos, es indescriptible. La sensación fue de salir de la charla entre maravillada por lo que acababa de ver y con ganas de retirarme, menos mal que más tarde eso se transformó en ganas de irme a casa a trabajar.










Además, el trabajo que se realizó en ese taller con la serigrafía era impresionante, cada uno realizaba una pantalla (o dos) y después se mezclaban entre sí, salió una obra colectiva muy interesante y llamativa.







El resto de talleres (Change is good, Fernando Gutierrez y Chiara Carrer) también eran bastante interesantes. Han sido cuatro días muy intensos, trabajando mucho, aprendiendo cosas muy interesantes, empapándome del trabajo de los talleristas y los compañeros, y sobre todo pasándolo muy bien. Ya estoy echando de menos a la gente y todo lo vivido estos días, con mucha morriña porque era la última edición, pero también con alegría por haberlo vivido y con mucha energía y ganas de trabajar. Y, como no, la despedida después de 10 años fue esta, envejecidos después de tanto tiempo, con barba:

Foto tomada de la página de facebook de la Fundación Santa María de Albarracín.

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