Una mañana cualquiera


Mar Villar, estudio, gato, mesa de trabajo
Tomarte el último trago del café del desayuno y meterlo todo en el lavavavjillas, lavarse los dientes y sentarse en la mesa a dibujar. Un correo, voy a leerlo a ver qué es. Responder. Volver a la mesa de dibujo. Tiza se sube a la mesa para asomarse a la ventana y me pisa todo. Sigo dibujando. Con disimulo, empieza a meter el morro en la planta, si no le digo nada le pega un bocado. Antes de que lo haga, la regaño y la echo de la mesa. Me vuelvo al ordenador a escanear. La gata vuelve a la mesa, me mira, la miro, ella mira de reojo a la planta, la sigo mirando, nos desafiamos con los ojos. Mi atención vuleve al monitor, y la de mi gata a la planta. ¡Tiza nooo!. Y Tiza le pega un bocado y se lleva media hoja. Al rato vuelve, me pone ojitos y se me acuesta en el regazo, sabe cómo manipularme. Se pone cada vez más cómoda mientras yo doblo la espalda cada vez más, pero no queiro despertarla, ¡está tan a gusto!.

Y así todos los días. No me aburro, no...

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